ANTECEDENTES
Hoy en día, hablar del feminismo y asuntos de género y su
impacto sobre la sociedad actual es entrar en un territorio de mucha polémica
ya que existen miles de posturas frente a estos temas, sin embargo, así como
hay ideas en donde se admite la subjetividad y la diversidad, hay otras en las
que solo hay lugar para la objetividad. Tal es el caso del asunto del
feminicidio, que se define como “la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea
que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier
otra relación interpersonal, en la comunidad, por parte de cualquier persona, o
que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión”
según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En el fragmento de
la entrevista para radio UNAM, el director del Instituto de investigaciones
Estéticas, Iván Ruiz, afirma que el feminicidio es un acto de amor, y que la
tortura y la cercenación son actos pasionales del alma. Al inicio de la
entrevista, el director se manifiesta en contra del término “feminismo”, lo
cual es totalmente inofensivo, pero romantizar y hacer apología del feminicidio
es sobrepasar los límites de la libertad de expresión llegando incluso a
violentar los derechos humanos. No solamente se está normalizando el acto de
asesinar sino también el odio, la intolerancia, la misoginia y la violencia,
porque el feminicidio es más complejo al ser un crimen por razones de género.
¿LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN TIENE RESTRICCIONES LEGALES?
Si bien la libertad
de expresión es uno de los derechos humanos fundamentales, situarse en los
extremos de ésta, tal como hizo Iván Ruiz, es por sí misma una violación a los
derechos de otras personas.
Las restricciones a
la libertad de expresión deben ser claramente definidas dentro del marco de la
ley y sólo pueden imponerse para ciertos fines legítimos específicos, siendo
este el caso.
En México, antes de
septiembre de 2020, el artículo 208 del Código Penal Federal
establecía lo siguiente:
“Al que provoque públicamente a cometer un delito, o haga la apología de éste o de algún
vicio, se le aplicarán de cien a quinientas jornadas de trabajo en favor de la
comunidad, si el delito no se ejecutare; en caso contrario se aplicará al
provocador la sanción que le corresponda por su participación en el delito
cometido.”
El 14 de septiembre
se emitió un decreto en el que se adicionan un segundo, tercero, cuarto y
quinto párrafos al artículo. El párrafo tercero indica que “en caso de que la
apología haga referencia a delitos cuya finalidad sea amenazar la vida de
cualquier persona o grupo de personas se le aplicará de uno a tres años de
prisión en estos supuestos”.
En este caso,
aunque el rector de la Universidad publicó una solicitud para retirar del cargo
a Iván Ruiz, sería oportuno realizar un procedimiento legal que considere sus
declaraciones como apología del delito y que se le aplique la pena
correspondiente, porque la realidad es que las palabras de Ruiz, al ser
director de un Instituto y, por tanto, una figura pública, fácilmente
trascienden y llegan a oídos de muchos, por lo que debe ser duramente juzgado
tanto por la comunidad universitaria, directiva y profesorado, así como por la
ley.
EN UN CONTEXTO
ARTÍSTICO, ¿MATAR ES AMAR?
Ruiz llevaba más de
diez años investigando las formas de representación y de reinvención simbólica de
la violencia en México a través de las artes visuales. Realizó la investigación “Archivo
forense de la nota roja en México” en 2017 con el patrocinio de la Fundación Jumex Arte Contemporáneo. Dicho esto y con base en las declaraciones de la entrevista,
resulta evidente que Ruiz presenta una fascinación por los actos de violencia y
encuentra en estos cierta cualidad romántica que justifica el acto per se, es
decir, que el crimen pasa a segundo plano y se resalta el supuesto romanticismo
que existe en él.
Tal es su
fascinación que no pudo evitar hacer estas afirmaciones de manera explícita y
teniendo total conocimiento de que la entrevista se transmitía por todo el
país.
A la violencia no
se le puede dar otro significado, en ningún otro contexto y bajo ninguna
circunstancia. Existe lo que se conoce coloquialmente como crímenes pasionales,
en los que hay una alteración repentina de conciencia y no es un acto
premeditado, pero esto es totalmente ajeno a un crimen por cuestiones de género
y, por lo tanto, es absolutamente paradójico querer encontrar amor en un acto
de odio.
De cualquier
manera, sería irresponsable permitir que una persona que nihiliza
deliberadamente la máxima expresión de violencia continúe en un puesto
académico además de no enfrentarse a acciones legales cuando ya demostró que es
mentalmente incompetente para laborar en la comunidad universitaria y
representa, además, un peligro para la sociedad.



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